“Quiero en esta oportunidad dirigirme a ti, joven, como persona de pocos años, lleno de vigor, cualquiera que sea tu condición física y lleno de esperanza, cualquiera que fuere tu capacidad de ilusión.






En nuestra Hermandad, por muchas razones, os necesitamos, porque nos hace falta tanto el vigor como la esperanza. Pero vosotros, jóvenes, aquellos que en alguna medida tenéis sembrado el amor a Cristo, también nos necesitáis, porque sois jóvenes,tenéis incuestionablemente un programa de vida. Estaréis en colegios, universidades o iniciando un primer trabajo, pero en todo caso, por vuestras mentes o por vuestro sentimiento cruza día a día, ese plan de vida que se suele trazar de joven. Estáis ahí, rebosantes de ilusión, de alegría, pensando sólo en el programa de vida que se va desarrollar en plenitud de sensaciones y experiencias, lleno de gozo y de felicidad.

Quizás, aún no os atreváis a realizar un esquema de ese programa, más bien os sentís llamado a gozar ahora, en este presente, cuanto más mejor, de vuestro vigor y esperanza, de vuestra capacidad de ilusión, y sobre todo de vuestros sueños de felicidad. No sería yo quién sacrificara esa maravilla viviente, llamada juventud. Sólo me limito a trazarle una medida. Y no quiero ser muy pesado así que me voy a despedir de todos vosotros, de esos jóvenes que agrandan nuestra Semana Santa marhenera y que sin
ellos no tendríamos los mayores de seguir cada año mejorando nuestra hermandad. Un cordial saludo”.